Sí hay tiburones llevando sensores oceanográficos por el Atlántico y sí hay un 40 % publicado en una revista del grupo Nature, pero no son el mismo proyecto. El 40 % sale de un trabajo de la Universidad de Miami y el Woods Hole Oceanographic Institution que mejora pronósticos climáticos estacionales de temperatura superficial del mar. El que va a por los huracanes es otro: lo llevan la Universidad de Delaware y MARACOOS, y su último balance público, el de la temporada de 2025, son al menos cinco tiburones marcados desde 2023, tres marcas con rastro y ni un solo pronóstico de huracán mejorado. A agosto de 2026 no hay recuento más reciente. En medio hay una idea física sólida y un coste animal con cifras.
En resumen
| Pregunta | Lo que pudimos comprobar |
|---|---|
| ¿De dónde sale el 40 %? | McDonnell et al., npj Climate and Atmospheric Science, 28-04-2026: menos error de temperatura superficial del mar en pronóstico estacional |
| ¿Cuántos animales? | 18 tiburones azules y 1 marrajo dientuso, marcados frente a Cape Cod en octubre de 2021; más de 8.200 perfiles repartidos por el Atlántico Noroeste hasta abril de 2022 |
| ¿Y el de huracanes? | Delaware con MARACOOS, marcas CTD: dos azules en 2023 sin transmisiones útiles; en 2025, dos marrajos y un blanco juvenil, con rastro de los tres y perfiles CTD de un marrajo |
| ¿Entra ya en los modelos? | La ruta OceansMap → QARTOD → GTS → GOOS figura como plan en la nota de MARACOOS |
| ¿Qué especies? | Azul y marrajo dientuso en el estudio de Miami; azul, marrajo y blanco juvenil en Delaware; tiburón salmón en el prototipo de 2024. La cornuda cruz solo figura como candidata |
¿Qué mejoró exactamente ese 40 %?
El estudio es McDonnell, Kirtman, Braun y Hammerschlag, del 28 de abril de 2026. Dieciocho tiburones azules (Prionace glauca) y un marrajo dientuso (Isurus oxyrinchus), marcados frente a Cape Cod en octubre de 2021, devolvieron más de 8.200 perfiles de profundidad y temperatura hasta abril de 2022, con inmersiones de hasta casi 2.000 metros. Los perfiles no salen de Cape Cod: cubren unos 20° de latitud y 40° de longitud del Atlántico Noroeste, repartidos entre plataforma, talud, Corriente del Golfo y mar de los Sargazos. Metidos en el modelo climático CCSM4, inicializado con el reanálisis CFSR, esos perfiles redujeron hasta un 40 % el error de la temperatura superficial del mar en los pronósticos retrospectivos, concentrado en la plataforma y el talud. Las cifras finas son de la plataforma sola: 1,24 °C menos de error medio en noviembre (−43 %) y 1,50 °C en diciembre (−33 %).
Un pronóstico estacional de temperatura del mar y uno de intensidad de un ciclón son cosas distintas, con modelos, escalas y validaciones distintas. En el texto del artículo no aparecen las palabras «huracán» ni «ciclón tropical», y los autores acotan el alcance: piden interpretarlo «como un estudio de caso dirigido y no como una evaluación exhaustiva de la destreza del pronóstico». En la nota del WHOI, McDonnell remata: «los tiburones marcados no van a sustituir a los sistemas de observación convencionales».
¿Quién persigue los huracanes y en qué punto está?
Ese es el proyecto de Matt Oliver, Aaron Carlisle y la doctoranda Caroline Wiernicki, de la Universidad de Delaware, con MARACOOS, la asociación regional del IOOS de NOAA en el Atlántico Medio. Sus marcas sí son CTD —conductividad, temperatura y profundidad— y guardan el perfil vertical que levanta el animal al ascender hasta que la aleta rompe la superficie y engancha el satélite.
El despliegue va despacio. Dos tiburones azules marcados en 2023 no dieron transmisiones útiles, y la propia MARACOOS explica por qué: fallaron la colocación de la marca y la exposición de la antena. Con el soporte rediseñado —rígido y contorneado al borde de ataque de la aleta dorsal— llegó la temporada de 2025: dos marrajos marcados en mayo, más un tiburón blanco juvenil. MARACOOS publica el rastro de tres animales, dos marrajos y el blanco, y perfiles CTD con posiciones de superficie de uno de los marrajos; UDaily, el 28 de julio de 2025, contaba que el blanco llevaba saliendo a superficie a diario desde mayo. Son al menos cinco animales marcados desde 2023, y MARACOOS anunciaba al menos dos marcas más para ese verano. A agosto de 2026 no hay recuento público más reciente.
MARACOOS lo plantea como lo que es, comprobar si los tiburones «pueden servir» como plataformas eficaces de observación oceánica. El equipo sí tiene trabajo revisado por pares, aunque no de resultados: Wiernicki y otros, ICES Journal of Marine Science 82(2): fsaf011, de febrero de 2025, es el cribado de once especies marcadas en el Atlántico y el Pacífico del que el marrajo dientuso salió en cabeza por frecuencia de salida a superficie y calidad de transmisión; ahí estiman que un tiburón daría tres veces más perfiles no correlacionados de temperatura y conductividad que un planeador, al 15 % del coste operativo. Lo que no localizamos —ni en esa revista, ni citado por MARACOOS, UDaily o Reuters— es ninguna publicación con resultados de las marcas CTD ya desplegadas, ni una sola mejora de pronóstico medida. El teletipo de Reuters del 8 de agosto de 2026 que disparó los titulares tampoco da cifra: deja el beneficio en condicional, si el proyecto sale bien los datos de los tiburones podrían ayudar a mejorar el pronóstico de intensidad en la costa este. Oliver resume el cuello de botella: «el desafío en todo esto es conseguir que una marca te reporte».
¿Por qué serviría un perfil de temperatura para un huracán?
Porque lo que alimenta a un ciclón no está en la superficie, sino debajo. NOAA/AOML define el Tropical Cyclone Heat Potential como el calor integrado desde la superficie hasta la isoterma de 26 °C, y los valores por encima de unos 90 kJ/cm² se asocian con la intensificación súbita. Carlisle lo explica con la capa de mezcla, «la parte de la columna de agua que realmente gobierna la intensidad de un huracán». Ahí está el hueco: hoy esa estructura térmica se calcula con altimetría, temperatura superficial y climatologías históricas. Se infiere. Un tiburón que sube desde 300 metros devuelve un perfil real de la columna.
¿Es nuevo poner sensores a los animales?
Como método, no. AniBOS es red reconocida del Global Ocean Observing System desde junio de 2020, y desde 2002 los animales instrumentados han transmitido más de 650.000 perfiles CTD por el Global Telecommunication System, el grueso por focas. Lo nuevo es el tiburón, y como plataforma es peor que una foca: no respira aire, puede pasar largos periodos abajo y eso estrecha las ventanas de transmisión. Ese es el contexto, no la causa del tropiezo de 2023: aquellas marcas fallaron por colocación y exposición de la antena, y se arregló rediseñando el soporte.
¿Qué le cuesta esto al tiburón?
La tecnología nació en Pagniello et al., Scientific Reports 14:13837, del 15 de junio de 2024, probada en un único tiburón salmón que devolvió 56 perfiles en 36 días. Para colocarla, el animal se inmoviliza en una cuna y la aleta dorsal se perfora con taladro para atornillar la marca con pernos de acero inoxidable, bajo el protocolo APLAC-10765 de Stanford. No es cosa solo del prototipo: en el estudio de Miami, el de los diecinueve animales, las marcas también van atornilladas a la aleta dorsal, con pernos de titanio biocompatible y tuercas de acero resistente a la corrosión.
Sobre las consecuencias hay números. Jewell et al., PLoS ONE 2011, siguieron a quince tiburones blancos subadultos marcados con SPOT en Sudáfrica y reavistados hasta 2011: por debajo de 12-24 meses, cicatriz de pigmentación; desde los 12, incrustación biológica; pasados los 24, daño permanente en la aleta dorsal. Los autores son honestos con el otro lado, aunque hablan de un caso, no del grupo: un ejemplar sobrevivió a esa fijación prolongada y no aprecian en él compromiso de la supervivencia a largo plazo ni del crecimiento.
El otro coste es la captura. En marrajo pescado con caña y carrete, French et al. marcaron 30 animales y 27 sobrevivieron los 30 días completos de despliegue: un 90 %, con intervalo de confianza del 95 % entre el 80 % y el 97 %. Las tres muertes ocurrieron en las primeras 24 horas tras la suelta. Los equipos trabajan con eso encima: en Miami pasaron menos de 30 minutos desde el anzuelo hasta subir al animal y menos de 10 de manipulación en cubierta, con ventilación forzada por las branquias, y en Delaware, según Reuters, las fijaciones se corroen solas, la manipulación dura menos de cinco minutos y hay chequeo de salud y comité de cuidado animal. Carlisle admite el fondo del asunto: «un tiburón estresado o dañado puede no comportarse con naturalidad».
Importa a quién se le pide. NOAA Fisheries determinó en noviembre de 2022 que el marrajo no merece figurar en la Endangered Species Act; la UICN lo evaluó como En Peligro con criterio A2bd (ficha e.T39341A2903170, Rigby y otros, evaluada el 5 de noviembre de 2018 y publicada en 2019, vigente en la versión 2026-1 de la Lista Roja), con tendencia poblacional decreciente y una reducción global mediana estimada del 46,6 % en tres generaciones. Es el fondo del debate de las cuotas de captura de Ecuador y la razón por la que interesan los métodos que no exigen matar, como el reloj epigenético que da la edad con una muestra de sangre.
¿Qué tiene que ver esto con el arrecife que buceas?
Que el mecanismo es el mismo: una capa de mezcla profunda y caliente impide que el ciclón se refrigere con su propia estela fría, y también impide que el arrecife se enfríe de noche o por mezcla vertical.
Y ese calor está medido. NOAA Coral Reef Watch confirmó el 15 de abril de 2024 el cuarto evento global de blanqueo: entre el 1 de enero de 2023 y el 30 de septiembre de 2025 el estrés térmico de nivel de blanqueo alcanzó alrededor del 84,4 % de la superficie arrecifal mundial, en al menos 83 países y territorios. Es un evento que la propia NOAA da hoy por terminado, probablemente a mediados de 2025. El boletín del GCRMN para el Caribe del 14 de agosto de 2026 sitúa, a 11 de agosto, Alerta Nivel 1 y Nivel 2 en Florida, Bahamas y Cuba, con previsión de Alerta 1 en toda la cuenca hacia noviembre. Alerta 1 es riesgo de blanqueo generalizado; Alerta 2, blanqueo con mortalidad de los corales más sensibles. Ayuda saber qué reservas de coral aguantan mejor.
Y lo que te toca de cerca: el mismo argumento —hay huecos que solo se rellenan bajando a mirarlos— sostiene la ciencia ciudadana en la que un buceador aporta datos con su inmersión. Ahí el coste animal es cero.
Preguntas frecuentes
¿Los tiburones ya predicen huracanes?
No en el sentido del titular. El estudio que tiene cifras publicadas (McDonnell et al., npj Climate and Atmospheric Science, 28 de abril de 2026) mejora pronósticos climáticos estacionales de temperatura superficial del mar, y en su texto no aparecen las palabras «huracán» ni «ciclón tropical». El proyecto que sí apunta a huracanes, el de la Universidad de Delaware con MARACOOS, lo describe su propia nota como exploratorio: comprueba si los tiburones pueden servir como plataformas de observación.
¿De dónde sale exactamente el 40 %?
De reducir hasta un 40 % el error de la temperatura superficial del mar en pronósticos estacionales retrospectivos hechos con el modelo climático CCSM4 inicializado con el reanálisis CFSR, concentrado en la plataforma y el talud del Atlántico Noroeste. Solo en la plataforma, el error medio bajó 1,24 °C en noviembre (−43 %) y 1,50 °C en diciembre (−33 %). Los autores piden interpretarlo como un estudio de caso dirigido, no como una evaluación exhaustiva de la destreza del pronóstico.
¿Qué miden las marcas que llevan los tiburones?
Depende de la marca. Las que produjeron los más de 8.200 perfiles del estudio publicado registraban profundidad y temperatura, con resolución de 0,5 m y 0,05 °C y ocho intervalos de profundidad por inmersión. La conductividad —de la que se deriva la salinidad— corresponde a las marcas CTD del proyecto de Delaware y al prototipo de Pagniello et al. (2024), probado en un único tiburón salmón que devolvió 56 perfiles en 36 días.
¿Le hace daño al tiburón llevar una marca?
Hay literatura con cifras en los dos sentidos. Jewell et al. (PLoS ONE, 2011) siguieron a quince tiburones blancos con marcas SPOT en Sudáfrica: cicatriz de pigmentación por debajo de 12-24 meses, incrustación biológica a partir de los 12 y daño permanente en la aleta pasados los 24. Los autores matizan un caso: un ejemplar sobrevivió a esa fijación prolongada y no aprecian en él compromiso de la supervivencia a largo plazo ni del crecimiento. Y antes de marcar hay que pescar: French et al. (Conservation Physiology, 2015) marcaron 30 marrajos dientusos con caña y carrete y 27 sobrevivieron los 30 días de despliegue; es un 90 %, con intervalo de confianza del 95 % entre el 80 % y el 97 %, y las tres muertes ocurrieron en las primeras 24 horas tras la suelta.