Una tortuga que aparece a media inmersión es de esas cosas que hacen que todo el grupo se olvide del plan. También es uno de los animales con los que más veces he visto comportarse mal a buceadores adultos, casi siempre sin mala intención. Estas son las siete especies de tortugas marinas, cómo reconocer las tres que vas a ver de verdad, y la única cosa que hay que tener clarísima cuando tengas una delante.
En resumen
| Dato | Valor |
|---|---|
| Especies | Siete, en dos familias |
| Las que verás buceando | Verde, carey y boba |
| Estado de conservación | Carey y lora, en peligro crítico; verde y boba, en peligro; laúd, vulnerable |
| Su sexo lo decide | La temperatura de la arena, no los cromosomas |
| Vuelven a nacer | A su playa natal, tras años y miles de kilómetros |
| Lo que nunca se hace | Tocarlas, perseguirlas o cortarles el camino a la superficie |
Siete especies, y no son intercambiables
Hay siete especies de tortuga marina vivas, repartidas en dos familias. Seis son de caparazón duro, la familia Cheloniidae: la verde, la carey, la boba, la golfina, la lora y la plana. Y hay una sola en la otra familia, Dermochelyidae: la laúd, que no tiene caparazón óseo sino una cubierta coriácea con quillas, y que es la mayor de todas con diferencia.
Buceando, en la práctica, vas a ver tres: verde, carey y boba. Las demás son pelágicas, escasas o están en zonas muy concretas.
Y no son variantes de lo mismo. Comen cosas distintas, viven en sitios distintos y tienen problemas distintos, así que conviene saber cuál tienes delante.
Cómo distinguir las tres que verás
La tortuga verde es la que se ve pastando. De adulta es prácticamente herbívora y come fanerógamas marinas y algas, así que la vas a encontrar en praderas someras, muchas veces posada en el fondo masticando con calma. Cabeza roma y corta, y las placas del caparazón a tope, sin solaparse.
La tortuga carey es la del pico. Tiene la cabeza estrecha terminada en un pico ganchudo como el de un ave rapaz, y no es casualidad: se alimenta sobre todo de esponjas, que saca de las grietas del arrecife. Por eso la vas a ver en coral y no en pradera, y muchas veces metiendo la cabeza donde no parece caber. Sus placas se solapan como las tejas de un tejado, que es el rasgo más rápido para distinguirla.
Ese caparazón precioso es también su condena: durante siglos se explotó para hacer objetos de carey, y la especie está hoy en peligro crítico.
La tortuga boba tiene la cabeza enorme y desproporcionada, y unas mandíbulas capaces de partir conchas y caparazones de cangrejo, que es lo que come. Si ves una tortuga cuya cabeza parece de otra talla, es una boba.
El dato que ordena su conservación: el sexo lo decide el clima
Las tortugas marinas no tienen cromosomas sexuales. Tienen determinación sexual dependiente de la temperatura: lo que decide si de un huevo sale un macho o una hembra es el calor de la arena durante el período crítico de la incubación.
La regla, simplificando, es que las temperaturas más frescas producen más machos y las más cálidas más hembras.
Lo que eso significa cuando las playas de puesta se calientan es incómodo y directo: no es solo que se pierda hábitat, es que las proporciones de sexos se desequilibran. Una población puede seguir produciendo miles de crías durante años y estar condenada demográficamente porque casi todas son hembras. Es uno de los efectos del calentamiento más difíciles de ver desde fuera, porque los números de nidos pueden tener buen aspecto mientras el problema avanza.
Y vuelven al sitio exacto donde nacieron
Se llama filopatría natal, y es de las cosas más asombrosas que hace un animal.
Una cría sale del nido, cruza la playa, se mete al mar y desaparece durante años en aguas abiertas. Cuando alcanza la madurez sexual, vuelve a la playa donde nació para anidar, después de miles de kilómetros y de una vida entera lejos.
De ahí sale una consecuencia que explica por qué la conservación de tortugas es tan local. Perder una playa de puesta no se compensa con que haya otra buena a cincuenta kilómetros. Si se urbaniza, se ilumina o se erosiona la playa a la que vuelve una población concreta, esa población no se muda: se pierde.
Lo que nunca se hace cuando aparece una
Aquí está la parte que de verdad importa, y empieza por un hecho que mucha gente no tiene presente en el momento.
Una tortuga marina es un reptil que respira aire. No tiene branquias. Cada cierto tiempo tiene que subir a la superficie, y si no puede, se ahoga. Todo lo demás se deduce de ahí.
No le cortes el camino hacia arriba. Es el error más grave y el más frecuente, y casi siempre lo comete alguien que solo quería una foto. Un grupo de buceadores colocado entre la tortuga y la superficie, o un fotógrafo que se pone encima para el contrapicado, está bloqueando el acceso al aire de un animal que lo necesita. Si la ves nadar hacia arriba, apártate.
No la toques. El caparazón tiene una película biológica fina que se daña con el contacto, y además está prohibido en la mayoría de áreas protegidas. No hay una versión suave de esto.
No te agarres para que te remolque. Todavía se ve, y aparece en vídeos que la gente comparte sin pensarlo. Agotas al animal, le impides maniobrar y le impides subir. Es exactamente lo mismo que lo anterior pero peor.
No la persigas. Una tortuga tranquila come, descansa y deja acercarse mucho más de lo que imaginas. Una tortuga perseguida gasta energía que necesitaba para otra cosa. La aproximación que funciona es la que no parece una aproximación: por el lado, despacio, sin aletear fuerte y sin ir de frente.
Y no la ilumines a bocajarro. Ni con foco ni con flash repetido a corta distancia, sobre todo si está descansando bajo un saliente.
Esto no es una lista de buenos modales: es lo que separa ver una tortuga de molestar a una tortuga. La versión completa, aplicable a todo lo demás que te encuentres, está en encuentros con la vida marina.
Dónde se ven, y una idea mejor que ir a buscarlas
Se ven en casi todos los mares cálidos y templados del mundo: praderas del Caribe, arrecifes del mar Rojo, Indopacífico, Mediterráneo. No hace falta un destino específico, y de hecho el encuentro que sale bien casi nunca es el que vas buscando: es el que aparece mientras estabas mirando otra cosa.
Lo cual enlaza con algo que vale para todo el buceo. La inmersión en la que ves más cosas no es la que recorre más metros: es la que se queda quieta el tiempo suficiente. Es el mismo principio que hace falta para ver nudibranquios, y funciona igual con un animal de doscientos kilos.
Si estás eligiendo destino y quieres saber qué esperar de cada mar, está nuestra guía de los mejores destinos de buceo del mundo.
Una última cosa. Si ves una tortuga enmallada en un aparejo de pesca, con un anzuelo o con plástico, no improvises: anota la posición, avisa al centro de buceo al salir y deja que lo gestione quien tenga el protocolo y el permiso. Cortar mal un sedal puede dejarle dentro el anzuelo, y soltar a un animal exhausto lejos de la costa tampoco lo salva.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas especies de tortuga marina hay?
Siete: verde, carey, boba, laúd, golfina, lora y plana. Seis pertenecen a la familia Cheloniidae, de caparazón duro, y la laúd está sola en la suya, Dermochelyidae, porque no tiene caparazón óseo sino una cubierta coriácea. Buceando verás sobre todo verde, carey y boba.
¿Cómo distingo una tortuga verde de una carey?
Por la cabeza. La carey tiene el pico estrecho y ganchudo, como el de un ave rapaz, que usa para sacar esponjas de las grietas; la verde tiene el hocico romo y corto. Y por las placas del caparazón: en la carey se solapan como tejas, en la verde quedan a tope, sin montarse.
¿Se puede tocar una tortuga marina?
No. Además de estar prohibido en la mayoría de áreas protegidas, el caparazón tiene una fina película biológica que se daña al tocarlo y el animal sufre estrés. Y agarrarse a una para que te remolque, que todavía se ve, es una forma rápida de agotarla e impedirle subir a respirar.
¿Por qué el sexo de las tortugas lo decide la temperatura?
Porque tienen determinación sexual dependiente de la temperatura: no hay cromosomas sexuales, lo decide el calor de la arena durante la incubación. Temperaturas más frescas producen más machos y más cálidas, más hembras. Por eso el calentamiento de las playas de puesta es un problema demográfico y no solo de hábitat.
¿Es verdad que vuelven a nacer donde nacieron?
Sí, y se llama filopatría natal. Al alcanzar la madurez sexual, las hembras regresan a la playa donde nacieron para anidar, después de años y de miles de kilómetros de viaje. Es la razón de que perder una playa de puesta no se compense con que exista otra a cincuenta kilómetros.
