Lo que se describió es una familia nueva de octocorales que contiene, por ahora, un solo género y una sola especie: Laurinqueidae, Laurinque y Laurinque elenya. El trabajo se publicó el 30 de junio de 2026 en ZooKeys, en acceso abierto, y se sostiene sobre seis ejemplares recogidos con ROV entre 360 y 529 metros en montes submarinos del Pacífico costarricense. La ola de titulares de agosto no corresponde al hallazgo, sino a la nota de prensa del editor.
En resumen
| Pregunta | Lo que pudimos comprobar |
|---|---|
| ¿Qué es nuevo? | Una familia (Laurinqueidae), un género (Laurinque) y una especie (Laurinque elenya) |
| ¿Cuándo se publicó? | 30 de junio de 2026, ZooKeys 1283: 253-272, DOI 10.3897/zookeys.1283.191899 |
| ¿De dónde salió? | 5 ejemplares de Las Gemelas I y II, frente a la Isla del Coco, y 1 del «Seamount 6» |
| ¿A qué profundidad? | 359,87-529 m, con el ROV SuBastian desde el B/O Falkor y el Falkor (too) |
| ¿Se puede bucear ahí? | El límite recreativo con aire son 40 m; el material está entre 360 y 529 |
| ¿Qué dice sobre conservación? | Encuadra el hábitat como ecosistema marino vulnerable (FAO 2019); no localizamos evaluación de amenazas ni categoría UICN |
¿Qué se describió exactamente?
Una rama del árbol, no una hoja. Odalisca Breedy, Catherine McFadden, Catalina Murillo-Cruz, Ana-Belén Yánez-Suárez, Katleen Robert y Andrea Quattrini firman «A coral among stars» y erigen a la vez familia, género y especie, con los tres nombres registrados en ZooBank.
El nombre viene de una lengua inventada: en quenya, el élfico de J. R. R. Tolkien, «Laurinquë» es «árbol dorado» y «elenya», «estelar». Las colonias son amarillas y crecen sobre un fondo tapizado de estrellas quebradizas, así que describe literalmente la fotografía. El holotipo es el MZUCR 3884, del Museo de Zoología de la Universidad de Costa Rica: Las Gemelas II, frente a la Isla del Coco (5,071715 N; -87,65116 O), 362,53 metros, 16 de octubre de 2023, buceo S0601 del ROV SuBastian.
¿Por qué hace falta una familia entera para un solo coral?
Porque los marcadores genéticos habituales se contradecían entre sí. El gen mitocondrial mtMutS (783 pb) situaba al animal dentro de Incrustatidae; el COI (536 pb), dentro de Eunicellidae; el 28S rDNA (867 pb) lo dejaba sin resolver. Tres respuestas para la misma pregunta.
La contradicción se rompió con filogenómica: elementos ultraconservados (UCE) y exones, en matrices de 153 loci con 75 % de ocupación taxonómica (37.654 pb) y de 1.385 loci con 50 % (263.175 pb). Con ese volumen de datos el taxón cae en un clado propio, hermano de Eunicellidae y no dentro de ella.
El rango de familia se sostiene sobre esa posición más la morfología, que se aparta de Eunicellidae en la forma de la colonia y en el escleroma —las piezas calcáreas que sostienen el tejido—: bastones y husos con tubérculos, y una zona del cuello del pólipo libre de escleritos. Ninguno de los dos argumentos habría bastado por separado.
¿Cómo es y sobre qué crece?
Colonias irregularmente flabeladas, con ramificación lateral densa que a veces se anastomosa, eje proteináceo y cenénquima delgado. Los pólipos son tubulares, notablemente alargados y solo se retraen en parte. Superan el metro de alto y llegan a 1,2 metros de ancho: amarillo brillante en vida, pardas una vez preservadas.
Son azooxanteladas, porque a esa profundidad no llega luz que alimente algas simbiontes. Crecen sobre roca densamente cubierta por un manto de ofiuros del género Ophiacantha, hasta el punto de que los tallos y las bases quedaban enterrados bajo el tapiz. Las condiciones medidas ahí abajo: oxígeno de 0,5 a 3,0 µmol/kg —zona de mínimo de oxígeno, prácticamente anóxica—, entre 8,12 y 10,8 °C y salinidad de 34,6 a 34,7.
¿De qué expedición salieron los ejemplares?
De dos campañas del Schmidt Ocean Institute, y conviene no fundirlas. La primera es FK190106, «Costa Rican Deep Sea Connections», de enero de 2019 y a bordo del B/O Falkor, al margen continental pacífico: de ahí sale el paratipo MZUCR 3088 del «Seamount 6» (7,679967 N; -85,911561 O), a 529 metros.
La segunda es FKt230918, del 18 de septiembre al 19 de octubre de 2023 a bordo del Falkor (too), titulada «Vertical Reef of the Galapagos» y con Katleen Robert —coautora del artículo— como jefa científica. Iba de Puerto Ayora a Golfito y paró en dos sitios de la Isla del Coco: de ahí los cinco ejemplares de Las Gemelas I y II, entre 359,87 y 412,18 metros.
Un detalle para quien baje a la tabla de la serie tipo: el paratipo MZUCR 3886 aparece fechado en enero de 2019 pero atribuido al Falkor (too) y a un número de accesión de la campaña de 2023. Parece una errata, así que el registro de 2019 que conviene usar es el del Seamount 6. Los autores añaden que la especie «también fue observada en Panamá y las Islas Galápagos» como observación personal, y ellos mismos marcan que necesita corroborarse.
¿Se puede bucear en ese jardín de coral?
No con un cuerpo humano dentro. El material tipo está entre 360 y 529 metros; el límite recreativo con aire son 40, el buceo técnico llega a 60 metros con trimix normóxico y pasa de ahí con el hipóxico, y el récord mundial de circuito abierto está en unos 332. Todo lo que se sabe de estas colonias entró por la cámara y el brazo de un ROV.
La Isla del Coco es, por separado, uno de los mejores destinos de buceo del Pacífico, pero por los bancos de tiburones martillo y en los primeros 40 metros. Son dos mundos superpuestos en el mismo punto del mapa.
¿Qué figura de protección cubre ese fondo?
Aquí hay que actualizar el mapa mental. El Área Marina de Manejo Montes Submarinos se creó en 2011 por el Decreto Ejecutivo 36452-MINAET, con unos 9.649 km². El Decreto Ejecutivo 43368-MINAE, del 17 de diciembre de 2021 y publicado en La Gaceta n.º 16 del 26 de enero de 2022, reformó su artículo 1: el área pasó a llamarse Área Marina de Manejo del Bicentenario y a medir 106.285,56 km².
Las dos cifras que circulan son la promulgada y la corregida, no un error de prensa. La fe de erratas publicada en La Gaceta n.º 89 del 16 de mayo de 2022 rehízo los decimales de las coordenadas de ambas áreas y dejó el Bicentenario en 106.283,6621 km², que es lo que recoge el texto legal consolidado. En el mismo movimiento el Parque Nacional Isla del Coco pasó de 1.997 a 54.844 km² de espacio marino —así lo dice el considerando 20 del decreto; la cartografía oficial del parque cifra el antes en 2.034 km²— y la protección marina del país subió del 2,7 % a cerca del 30 % de su territorio marino. La ficha de FAICO todavía describe el área con el nombre de 2011.
¿Dónde cae entonces el coral? Esa misma fe de erratas reimprime el artículo 1 con los cuatro vértices del parque ampliado en grados decimales: de -88,987 a -86,367 de longitud y de 4,529 a 6,237 de latitud. Los cinco ejemplares de Las Gemelas, entre 4,992902 y 5,071715 N y entre -87,653320 y -87,446944 O, caen dentro de ese rectángulo. Desde 2021 ese fondo está bajo categoría de parque nacional, no de área de manejo. El artículo científico los sitúa «al suroeste del Parque Nacional Isla del Coco», que es la posición respecto de la isla, no respecto del rectángulo del decreto.
La distinción decide quién puede pescar ahí. El artículo 8 del decreto de 2011, que no se reformó, empieza diciendo «Dentro del Área Marina de Manejo» y permite «la actividad de pesca comercial de avanzada escala y la actividad de pesca deportiva así como las actividades de ecoturismo y de investigación que permite la categoría de manejo aun cuando el Plan de Manejo respectivo no haya sido aprobado». Es decir: rige en la figura vecina, no sobre el jardín de coral. Y la cita suele cortarse justo antes del cierre, que la matiza: «Una vez dada la aprobación del Plan General de Manejo, las actividades de pesca permitidas se regirán por lo que ahí se disponga». Un régimen transitorio, no un permiso definitivo. El artículo 6 deja las licencias en manos de INCOPESCA.
La ampliación aguantó en los tribunales: el 17 de abril de 2024 la Sala Constitucional rechazó por unanimidad la acción de la Cámara Nacional de la Industria Palangrera y de dos asociaciones de pescadores, por considerarla «necesaria, idónea, razonable y proporcional». El 7 de noviembre de 2025 la misma Sala condenó al MINAE y al SINAC por no contar con Plan General de Manejo para el parque ni para el Bicentenario, y les dio doce meses para emitirlo junto con el Plan de Ordenamiento Pesquero.
El sexto ejemplar es otra historia. El «Seamount 6» (7,679967 N; -85,911561 O) queda fuera de los dos polígonos: al norte del límite 6,571 del área de manejo y al este de su vértice -86,032. Qué figura lo cubre, si alguna, no lo localizamos en los decretos que consultamos.
¿El artículo dice que este coral esté amenazado?
Encuadrar, lo encuadra. La introducción del artículo dice que estas agregaciones densas forman bosques animales marinos y jardines de coral que «have been identified as Vulnerable Marine Ecosystems (VMEs)» —ecosistemas marinos vulnerables—, y lo apoya en la FAO (2019) y en OSPAR (2022). Así que la etiqueta que se repitió mucho en agosto no la puso la prensa: está en la publicación revisada por pares. La nota de prensa de Pensoft la traduce a lenguaje llano y añade el recuerdo de Breedy, que vio el jardín de octocorales por primera vez en 2019 y quedó impresionada por el paisaje.
Lo que no localizamos en el texto completo en acceso abierto es una evaluación de amenazas o una categoría UICN: buscamos «IUCN» y «Red List» en todo el artículo y no aparecen. Los organismos administrativos que sí salen están en los agradecimientos y por los permisos de recolección: SINAC y CONAGEBIO, del MINAE, y también el INCOPESCA, el instituto costarricense de pesca y acuicultura. Eso es trámite de muestreo, no diagnóstico de conservación.
Para lo que un buceador sí puede ver con sus propias aletas están las reservas de coral para bucear; y para cómo se decide qué se pesca en este mismo océano, las cuotas de captura de tiburones en Ecuador.
Preguntas frecuentes
¿Es una especie nueva o una familia nueva?
Las dos cosas a la vez. El trabajo describe la familia Laurinqueidae, el género Laurinque y la especie Laurinque elenya, y dentro de esa familia hay por ahora un solo género con una sola especie. Los tres nombres están registrados en ZooBank. Describir una especie añade una hoja al árbol de la vida; describir una familia añade una rama entera, y por eso la categoría importa más que el número de corales.
¿Cuándo se publicó realmente el hallazgo?
El artículo salió el 30 de junio de 2026 en ZooKeys 1283: 253-272, en acceso abierto, con DOI 10.3897/zookeys.1283.191899. Los titulares de agosto responden a la nota de prensa que el editor, Pensoft, publicó el 11 de agosto de 2026. Los ejemplares son anteriores: cinco proceden de la campaña FKt230918, de septiembre-octubre de 2023, y uno de la campaña FK190106, de enero de 2019.
¿Se puede bucear en ese jardín de coral?
El material tipo se recogió entre 359,87 y 529 metros. El límite del buceo recreativo con aire son 40 metros, el buceo técnico llega a 60 con trimix normóxico y pasa de ahí con el hipóxico, y el récord mundial de circuito abierto está en unos 332. A esas cotas se llega con ROV o sumergible tripulado: las colonias se fotografiaron y recogieron con el ROV SuBastian. La Isla del Coco sí es un destino de buceo célebre, pero por los tiburones martillo y entre la superficie y los 40 metros.
¿El artículo dice que este coral esté amenazado?
No en términos de conservación, pero sí encuadra el hábitat: la introducción del artículo describe estos jardines como ecosistemas marinos vulnerables, citando a la FAO (2019) y a OSPAR (2022). Lo que no localizamos en el texto completo es evaluación de amenazas ni categoría UICN. Los organismos de los agradecimientos —SINAC, CONAGEBIO, MINAE e INCOPESCA— figuran por los permisos de recolección, no por un diagnóstico de conservación.