Bucear en familia: desde qué edad y hasta qué profundidad

Apneísta descendiendo por la cuerda guía en aguas azules de Roatán durante una competición de profundidad

La pregunta de bucear en familia casi siempre se hace mal. No es «¿desde qué edad se puede bucear?», porque no hay una edad: hay varias, y cada una viene con una profundidad distinta pegada. Un niño de ocho años puede meterse al agua con botella en casi todo el mundo, pero a seis metros y en un programa que no es una titulación. Esta guía pone los límites reales de las tres agencias al lado, y después habla de lo que debería preocuparte más que la edad.

En resumen

EdadCMAS / FEDASPADISSI
8-9 añosBuceo infantil Bronce: 6 mBubblemaker: 2 m, en piscinaScuba Rangers, en piscina
10-11 añosInfantil Plata y Oro: 12 mJunior Open Water: 12 mJunior Open Water
12-14 años1 estrella júnior: 20 mJunior Open Water: 18 mJunior Open Water
Desde 15Nivel adultoOpen Water: 18 mOpen Water
PapelesAutorización del tutor, declaración de salud y licencia, los tres obligatorios

Por qué hay tres edades y no una

Porque los sistemas no separan por edad sino por lo que puedes hacer si algo sale mal, y eso se desarrolla por etapas.

El escalón de los 8 a los 11 años existe para que el niño se acostumbre al equipo y al agua sin que la profundidad sea un factor. En el sistema CMAS y FEDAS se llama buceo infantil y va por colores: Bronce, con un máximo de 6 metros; luego Plata y Oro, con 12. Para pasar de Bronce a la siguiente etapa hacen falta cinco inmersiones previas, o sea que no se sube de nivel por cumplir años sino por horas de agua. PADI cubre esa franja con el Bubblemaker, que es una experiencia de piscina a un máximo de dos metros, y SSI con los Scuba Rangers.

El escalón de los 12 es donde empieza la titulación de verdad. En FEDAS, al cumplir doce se accede al Buceador 1 Estrella júnior, con profundidad máxima de 20 metros. En PADI el Junior Open Water se puede sacar desde los diez, pero con el límite en doce metros hasta cumplir los doce años, momento en el que sube a dieciocho.

Y el escalón de los 15 es cuando el certificado deja de llevar la palabra júnior y los límites pasan a ser los de un adulto. Antes de esa edad, ninguna agencia seria deja a un menor acercarse a los cuarenta metros del nivel más alto recreativo.

Si quieres el mapa completo de niveles y equivalencias entre sistemas, está en la guía de certificaciones de buceo.

Los papeles no son burocracia

En el sistema FEDAS los tres documentos son inexcusables y conviene saberlo antes de llegar al centro con el niño y la toalla.

Hace falta la autorización firmada del padre, madre o tutor legal para cualquier actividad subacuática del menor, práctica o teórica. Hace falta la declaración de salud del menor, cumplimentada y firmada también por el tutor. Y hace falta estar federado con la licencia formativa o infantil en vigor.

Un centro que te diga que eso se arregla luego, o que con la firma en el momento basta, te está diciendo algo sobre cómo trabaja. Los tres papeles existen porque un menor no puede consentir por sí mismo y porque, si pasa algo, la cadena de responsabilidad tiene que estar clara desde antes de que pase.

Lo que debería preocuparte más que la edad

La edad es el filtro grueso. Lo que de verdad decide si un niño lo va a pasar bien son otras cuatro cosas, y ninguna sale en la tabla.

Los oídos. Es, con diferencia, el motivo por el que un niño sale llorando de su primera inmersión. Compensar no es intuitivo y un oído infantil con la trompa de Eustaquio más estrecha lo tiene más difícil. La regla es la misma que para un adulto pero se aplica con más margen: se compensa antes de notar molestia, se baja despacio, y si no compensa se sube, sin discusión y sin insistir. Cómo se hace bien está en compensar los oídos.

El frío. Un niño se enfría mucho antes que tú, y no por ser más débil sino por geometría: tiene más superficie de piel en relación con su masa, así que pierde calor más rápido. Una inmersión de treinta minutos que a ti te resulta cómoda puede dejarlo tiritando a los quince. Traje más grueso del que llevas tú, capucha aunque el agua esté a 26 grados, y salir a la primera señal de tiritona.

Poder decir que algo va mal. Un buceador con criterio formado avisa. Un niño de nueve años muchas veces aguanta porque no quiere estropear el plan, o porque no sabe poner nombre a lo que siente. Por eso las señales se repasan en superficie, se acuerda una para «no estoy bien» y se pregunta activamente bajo el agua en vez de esperar a que él avise.

La proporción de adultos. Un niño por adulto certificado es lo razonable. Dos niños con un instructor y ningún padre en el agua es donde empiezan los problemas.

Con quién puede bucear, y esto no es negociable

Un menor certificado nunca bucea solo con otro menor.

Entre los diez y los once años, la pareja tiene que ser un profesional o un adulto certificado que sea su padre, madre o tutor. Entre los doce y los catorce, un adulto certificado. La lógica es sencilla y vale la pena explicársela al propio niño: bajo el agua, la persona que resuelve un problema tiene que ser alguien con criterio formado, y dos niños de doce años no lo son todavía por muy buenos buceadores que sean.

Esto tiene una consecuencia práctica para el viaje familiar: si vais dos adultos y dos niños, los dos adultos tenéis que estar certificados, o uno de los niños no bucea. Es el error de planificación más común.

Empezar sin certificarse: el bautismo

Antes de meter a la familia entera en un curso, existe una vía barata de saber si esto les gusta: el bautismo de buceo, una inmersión de iniciación acompañada por un instructor, sin titulación y en aguas muy someras.

Es la mejor forma de descubrir en una tarde quién quiere seguir y quién no. Y conviene ir sin expectativas: hay niños a los que el agua les encanta en superficie y el equipo les agobia, y eso no significa nada más que eso. Cómo funciona y qué esperar está en el bautismo de buceo.

Si después de eso hay ganas de seguir, el camino formal empieza en el curso de buceador de una estrella, en su versión júnior para los menores de quince.

Qué destino elegir para bucear en familia

No hay un destino familiar y otro que no lo sea, pero sí hay tres condiciones que hacen la diferencia cuando bucean niños.

Agua caliente. Por lo del frío. Por encima de 26 o 27 grados, media hora es media hora cómoda.

Puntos someros y de entrada fácil. Con doce metros de límite, un destino cuyos mejores sitios estén a treinta no sirve de nada. Interesan los arrecifes de poca profundidad y las entradas desde playa o desde barco a pocos minutos.

Navegaciones cortas. Cuarenta minutos de lancha con mar picado antes de la inmersión arruinan el día de un adulto; el de un niño lo arruinan antes.

El Caribe cumple las tres con holgura, y es el destino donde más se pregunta esto: hay una guía específica de los mejores lugares para bucear en el Caribe con las zonas concretas. El mar Rojo egipcio también las cumple, con la ventaja de que muchos de sus mejores arrecifes empiezan a cinco metros.

Una última cosa, que es la que menos se dice

El buceo no le tiene que gustar a tu hijo.

Es una actividad que exige estar cómodo con una cosa muy poco natural, que es respirar debajo del agua con una máquina en la boca. Hay adultos que no lo consiguen nunca. Insistir con un niño que lo está pasando mal no lo convierte en buceador: lo convierte en alguien que asocia el mar con una tarde desagradable, y eso sí que es difícil de revertir.

La forma de que salga bien es la contraria, y es lenta: mucha piscina, mucho snorkel, y meter la botella el día en que el niño la pida. Los que empiezan así siguen buceando a los cuarenta.

Preguntas frecuentes

¿Desde qué edad puede bucear un niño?

Desde los 8 años en programas infantiles limitados, y desde los 10 o 12 para una titulación de verdad según la agencia. En el sistema CMAS y FEDAS, el buceo infantil va de los 8 a los 11 años y a los 12 se accede al curso de una estrella júnior. En PADI el Junior Open Water empieza a los 10, y en SSI también.

¿Hasta qué profundidad puede bajar un niño?

Depende de la edad y del nivel. En FEDAS, 6 metros con la capacitación infantil Bronce y 12 con Plata y Oro; a los 12 años, 20 metros con una estrella júnior. En PADI, 12 metros entre los 10 y los 11 años, y 18 entre los 12 y los 14. Ninguna agencia deja a un menor de 15 bajar a los 40 del nivel adulto.

¿Qué papeles hacen falta para que un menor bucee?

Autorización firmada del padre, madre o tutor legal, siempre y sin excepción; declaración de salud del menor firmada también por el tutor; y licencia o seguro en vigor según el sistema. En FEDAS los tres son obligatorios y sin ellos el menor no entra al agua, ni siquiera a la piscina.

¿Con quién puede bucear un niño certificado?

Nunca solo con otro menor. Un Junior Open Water de 10 u 11 años debe bucear con un profesional o con un adulto certificado que sea su padre, madre o tutor; entre los 12 y los 14, con un adulto certificado. La lógica es que si hay un problema, el que resuelve tiene que ser alguien con criterio formado.

¿Es peligroso que un niño bucee?

No más que para un adulto si se respetan los límites, y bastante más si no se respetan. Lo que cambia en un niño no es el riesgo de descompresión sino la capacidad de compensar los oídos, de comunicar un problema a tiempo y de aguantar el frío, que es mucho menor por relación entre superficie corporal y masa.

Dejá un comentario

Optimized by Optimole