Cómo comportarse con tiburones y rayas: el código que sí está escrito

Las reglas para acercarte a un tiburón o a una raya están escritas, llevan números y cambian según la especie. El código de conducta tiburones que publicaron WWF, Project AWARE y Manta Trust no dice «mantén la distancia»: dice más de tres metros desde la cabeza y más de cuatro desde la cola en tiburón ballena, más de cuatro metros en tiburón peregrino, más de dos metros en rayas y más de tres en mantas. Fija además cuánto tiempo puede durar el encuentro, cuántas personas pueden estar en el agua y a qué velocidad puede navegar el barco. Todo eso está en un PDF descargable, no en la intuición del guía de turno.

Lo que la mayoría de los buceadores recibe en el briefing es una versión encogida de ese documento: no lo toques, no lo persigas, no uses flash. Está bien, pero es la sombra de la regla, no la regla. Y como las cifras reales son distintas por especie, generalizarlas es exactamente lo que el código pide no hacer.

En resumen

Especie o actividadDistancia al animalDistancia de la embarcaciónPersonas en el aguaTiempo máximo
Tiburón ballena>3 m de la cabeza, >4 m de la cola30 m; zona exclusiva de 250 m de radio10, guías y fotógrafos incluidos90 min dentro del radio de 250 m
Tiburón peregrino>4 m, con especial cuidado con la cola100 m; 500 m si hay parejas o grupos4, a 100 m del animal90 min
Tiburones de arrecife y pelágicos>3 m y lo más cerca posible del fondoNo se fija10, guía y fotógrafo incluidos90 min
Rayas>2 m>30 m de la agrupación1090 min
Rayas mobúlidas (mantas y diablos)>3 m>10 m en todo momento1090 min
Buceo en jaula (tiburón blanco)Cuerpo entero dentro de la jaula>400 m de cualquier otra embarcaciónNo se fija; una embarcación y una jaula por tiburón90 min

Fuente: Turismo Responsable con Tiburones y Rayas, WWF, Project AWARE y Manta Trust, Herramienta 6. La edición en español lleva copyright de 2017 y la cita recomendada que trae el propio documento es Lawrence et al., 2016.

¿Por qué cada especie tiene una distancia distinta?

Porque el riesgo y la molestia no son los mismos. Un tiburón ballena filtra en superficie y su cola barre un arco enorme; una raya de arrecife descansa en la arena y lo que la perturba es que te pares encima; una manta en una estación de limpieza necesita quedarse quieta mientras los peces limpiadores trabajan, y una cortina de burbujas junto a un grupo que se alimenta dispersa el plancton del que está comiendo. El código no traduce peligro, traduce interferencia: cada número sale de lo que hace falta para que el animal siga haciendo lo que estaba haciendo.

Por eso la pregunta útil antes de reservar no es dónde hay más tiburones, sino con qué especie vas a coincidir y qué regla le corresponde. Si todavía estás eligiendo, la guía de dónde bucear con tiburones te ubica los escenarios; este artículo se ocupa de lo que pasa una vez que estás en el agua.

Tiburón ballena: tres metros de la cabeza, cuatro de la cola

Es el código más detallado de los seis. Además de la distancia asimétrica —tres metros por delante, cuatro por detrás—, fija una zona de contacto exclusiva de 250 metros de radio alrededor del animal en la que solo puede operar una embarcación a la vez. La primera que llega se considera «en contacto»; una segunda debe mantenerse a 250 metros y cualquier otra, a 400. Las motos de agua no están permitidas, la embarcación debe navegar a menos de 8 nudos y no se admiten hélices a menos de 100 metros del tiburón.

Hay dos prohibiciones que sorprenden a quien llega con la botella puesta. La primera: el código dice «no bucear». La interacción está pensada para snorkel, y el aparejo de buceo autónomo queda fuera. La segunda: nada de flash y nada de selfies. Son reglas específicas de esta especie, no una política general de fotografía. Si te interesa el animal más allá del protocolo, en buceo con tiburones ballena está el contexto de por qué se agrupa donde se agrupa.

Tiburón peregrino: cuatro metros y el grupo más pequeño de todos

Aquí el número que más cambia no es la distancia al animal sino el tamaño del grupo: un máximo de cuatro personas a cien metros del tiburón, frente a las diez que admiten casi todos los demás códigos. La embarcación no debe acercarse a menos de cien metros, y esa distancia sube a quinientos cuando hay parejas o varios animales siguiéndose de cerca, porque ese comportamiento puede ser de apareamiento y los animales no deben ser perturbados.

La otra diferencia es fotográfica y conviene subrayarla: en tiburón peregrino el código admite fotografías, sin la prohibición de flash que sí aplica a tiburón ballena y a rayas. Es el mejor ejemplo de por qué no se puede exportar una regla de una especie a otra.

Rayas y mantas: dos, tres y diez metros que no significan lo mismo

En rayas la distancia mínima al animal es de dos metros y la embarcación debe quedarse a más de treinta de la agrupación, con una sola embarcación por grupo de rayas. No se permite bucear con botella, ni el flash, ni los selfies, ni pararse sobre los animales, y el código añade un detalle que casi nadie menciona: nada de equipo con filos, incluidos snorkels y joyas.

En rayas mobúlidas —mantas y rayas diablo— la distancia al animal sube a tres metros y la de la embarcación a diez metros en todo momento, con dos velocidades escalonadas: menos de 8 nudos a cien metros y menos de 5 a treinta. La parte más específica viene del protocolo del Manta Trust que la guía incorpora: acércate lentamente y desde el costado, dejándole a la manta un camino despejado por delante; no nades por encima de una estación de limpieza; si estás en una, quédate quieto y a distancia; y no se remolcan nadadores sobre los sitios de agregación.

Tiburones de arrecife y pelágicos: pegado al fondo y fuera de la cueva

Es el código con menos restricciones de embarcación —no fija distancia ni velocidad— y más restricciones de comportamiento en el agua. La distancia al animal es de más de tres metros y la instrucción es permanecer lo más cerca posible del fondo. Prohíbe las inmersiones nocturnas en sitios identificados como hábitat crítico, como los de tiburón zorro y tiburón toro, y prohíbe bloquear la entrada de las cuevas donde descansan los tiburones o meterse en ellas.

Los accesorios aparecen aquí de forma explícita: no se permiten aparatos mecánicos o ruidosos que puedan molestar a los tiburones, y el listado nombra los repelentes electrónicos, las motos y los pitos. La lógica es la misma que la del ruido y la del flash: cualquier estímulo que obligue al animal a reaccionar es una interferencia, aunque a ti te parezca inofensivo.

Lo que pasa cuando el código no se aplica

Aquí es donde el asunto deja de ser una cuestión de modales. En el sitio de alimentación de tiburón ballena de Cebú, Filipinas, los individuos alimentados mostraron un tiempo de residencia de 44,9 días frente a 22,4 días, y se observaron cicatrices de hélice en el 47 % de los individuos (Araujo et al., 2014, recogido en la guía). En Stingray City, islas Caimán, las rayas alimentadas con calamar presentan peor condición corporal general, lesiones de embarcaciones y de personas, mayor carga de ectoparásitos, mordidas, reversión del patrón diurno/nocturno y densidades atípicas, según los trabajos de Semeniuk y colaboradores que la guía sintetiza. En bahía Hamelin, Australia Occidental, un sitio de alimentación no supervisado llegó a un promedio de 12,5 kilos de comida al día, con agresión entre rayas y conductas de riesgo hacia las personas.

Y sí, hay jurisdicciones donde el incumplimiento cuesta dinero. El caso de estudio de tiburón toro en Nueva Gales del Sur, Australia, que la guía documenta, recoge una multa en el acto de 500 dólares australianos por interferir con un tiburón toro, con máximos de 110.000 dólares australianos o dos años de prisión. Interferir incluye molestar, perseguir, marcar o cualquier actividad dirigida a atraer o repeler al animal.

Cómo saber si tu centro tiene código de verdad

Se nota en el briefing, y se nota rápido. Un centro que aplica el documento te da números —esta especie, esta distancia, este tiempo— y te explica el porqué de cada uno; la guía pide expresamente que se expliquen las razones detrás de las reglas, no solo las reglas. Un centro que no lo aplica te da adjetivos: tranquilo, respetuoso, sin tocar.

Hay tres señales más, todas fáciles de comprobar. El código exhibido físicamente en el local y en la embarcación. Un sistema de sanción explícito: la guía recomienda un esquema de dos infracciones, advertencia la primera y prohibición de entrar al agua la segunda, con alguien de la tripulación encargado de vigilar el cumplimiento. Y alguien a bordo que cuente cuántas personas hay en el agua, porque el límite de diez incluye al guía y al fotógrafo, y ese es justamente el número que se infla cuando el barco va lleno.

Y si el tiburón aparece sin que nadie lo haya planeado

Todo lo anterior regula una actividad organizada: tú buscas al animal. El caso inverso —estás en una inmersión cualquiera y aparece una silueta— es otro problema, con otra respuesta, y conviene no mezclarlos; en buceo.co hay una guía práctica de qué hacer si ves un tiburón buceando que cubre ese escenario. Tampoco conviene confundir el código con una lista de peligros: el protocolo existe para proteger al animal de ti, y la pregunta de qué especies suponen un riesgo real para el buceador se responde aparte, en animales marinos peligrosos.

La conclusión incómoda es que un encuentro no suele estropearse por un gesto aislado, sino por el número que nadie dijo en voz alta. Diez personas se convirtieron en catorce, los noventa minutos en toda la mañana, los tres metros en uno porque la foto salía mejor. El código está escrito precisamente porque esas erosiones no se notan de una en una. Descárgalo, léete el código de la especie que vas a ver y llega al barco sabiendo qué preguntar: es la diferencia entre confiar en que el centro lo hace bien y poder comprobarlo.

Preguntas frecuentes

¿A qué distancia hay que mantenerse de un tiburón ballena?

El código publicado por WWF, Project AWARE y Manta Trust fija más de tres metros desde la cabeza del animal y más de cuatro metros desde la cola. Son dos cifras distintas a propósito, y la mayor es la de la cola. La embarcación, además, no debe acercarse a menos de treinta metros.

¿Se puede usar flash para fotografiar tiburones y rayas?

Depende de la especie, y esa es justamente la trampa. El código prohíbe el flash y los selfies en tiburón ballena y en rayas, mientras que en tiburón peregrino admite fotografía sin esa restricción. Si tu guía te da una única regla para todo, no está aplicando el documento.

¿Cuántos buceadores pueden estar en el agua al mismo tiempo?

La mayoría de los códigos fija un máximo de diez personas en el agua a la vez, y aclara que en ese número entran el guía y el fotógrafo o camarógrafo. La excepción es el tiburón peregrino, donde el máximo baja a cuatro personas a cien metros del animal.

¿El código de conducta es obligatorio o es voluntario?

Los códigos de la guía son ejemplos para que cada operador los adopte, pero en varios lugares la regla se convirtió en norma con sanción. En Nueva Gales del Sur, Australia, interferir con un tiburón toro se multa con 500 dólares australianos en el acto y puede llegar a 110.000 o a dos años de prisión, según el caso de estudio recogido en la guía.

¿Está permitido alimentar tiburones o rayas para atraerlos?

Todos los códigos por especie lo prohíben, pero no todos igual: en tiburones de arrecife, pelágicos y rayas admiten la excepción de una actividad de aprovisionamiento autorizada, mientras que en tiburón ballena, peregrino y mobúlidas la prohibición no lleva excepción. La guía documenta por qué: en los sitios donde se alimenta de forma sostenida aparecen cambios de comportamiento, peor condición corporal y más lesiones en los animales.

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